Nuestra travesía por el café nos llevó esta vez a Santander, un territorio donde la montaña respira distinto.

SANTANDER

Recorrimos caminos entre San Gil, Girón, Mesa de los Santos, Bucaramanga y Socorro, explorando cafetales que guardan historias antiguas y aromas que solo nacen en esta tierra.

Entre neblina y canto de aves, seguimos las huellas del yaguarundí, ese guardián invisible que parece moverse al ritmo de la selva.

Cada paso nos recordó que el café es más que un cultivo: es una forma de conocer el alma de un lugar y las manos que lo hacen posible. Así continúa nuestra expedición — una bitácora viva por los territorios donde nace el verdadero café colombiano.

El yaguarundí.

🐾 Crónica de campo: el guardián invisible del cafetal

Apenas el sol empieza a filtrarse entre las montañas, la neblina se estira como un suspiro sobre los cafetales. Caminamos en silencio, con las botas hundiéndose en la tierra húmeda. Y ahí, entre las hojas que aún guardan el rocío de la madrugada, lo vimos: una sombra baja, ágil, con mirada curiosa y andar sereno.

No ruge, no salta, no huye. Se mueve como si fuera parte del paisaje. Tiene el cuerpo de un gato, pero en sus ojos hay algo más antiguo, más salvaje. Dicen los campesinos que aparece cuando la tierra está viva, que su presencia anuncia equilibrio, silencio, respeto.

Durante días lo seguimos a distancia. Lo vimos atravesar los cafetales sin romper una sola rama, beber agua del arroyo, desaparecer entre los helechos como si la selva misma lo tragara. Es un viajero discreto, un espíritu que conoce los secretos del bosque sin perturbarlo.

Y fue entonces cuando entendimos por qué este pequeño felino sería el corazón de Selva Negra.

Porque, como él, nuestro viaje por el café no es de conquista, sino de descubrimiento. Queremos caminar la tierra, escuchar sus historias, aprender de quienes la cultivan y honrarla en cada taza.

El yaguarundí nos recuerda que la selva no se domina, se comprende.

Que el café no se produce, se revela.

Y que, en lo más profundo de la montaña, hay una mirada dorada que nos observa, guardiana de un territorio donde cada grano cuenta un secreto que pocos han tenido el privilegio de escuchar.

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Uno de los hermanos mayores del café

            

El camino se abre entre montañas verdes y curvas interminables. Dejamos atrás el ruido del pueblo y nos adentramos en la tierra donde el café respira. Santander nos recibe con su aroma a humedad y hojas recién cortadas. Las botas se hunden en la arcilla blanda y el aire huele a promesa.

A un costado del camino, algo llama la atención antes de ver los primeros cafetales: las palmas de plátano. Altas, con hojas anchas que se mueven al ritmo del viento, como guardianas verdes que anuncian la llegada del cultivo. Algunas llevan bolsas azules o blancas, cubriendo los racimos maduros; protección contra la plaga, pero también señal de que la tierra está lista para entregar sus frutos.

Muchos dirían que el plátano es solo un acompañante del café. Pero en este viaje aprendimos que es más que eso. El plátano es su hermano mayor: el que da sombra, el que protege del sol fuerte, el que cuida la humedad del suelo y comparte el espacio sin reclamar protagonismo. Mientras el café crece buscando la luz, el plátano lo cubre con su generosidad silenciosa.

Nos detenemos a observar un cafetal en pendiente. Entre las hileras, los troncos gruesos del plátano marcan el ritmo de la siembra, y las hojas caídas forman una alfombra natural que guarda la humedad. El viento suena distinto ahí, más suave, como si la tierra respirara tranquila.

Montamos de nuevo en el carro, el sol cae sobre el parabrisas y seguimos el recorrido por los caminos de Santander, en busca de esa hermandad vegetal que da vida a nuestro café. Porque cada planta, cada raíz, cada sombra tiene su historia.

En Selva Negra, el café no está solo. Crece acompañado, sostenido por una red viva que lo cuida y lo equilibra. Y así como el yaguarundí guarda los secretos del bosque, el plátano guarda los del cafetal: los del trabajo silencioso, la protección y la vida compartida.